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ENTREVISTA: TIZIANA PANIZZA, APUNTES DE LO COTIDIANO

Lunes, 27 Julio, 2009

La última edición del Festival internacional de Documentales de Santiago, FIDOCS, tuvo como ganador el documental “Remitente: una carta visual” de la directora Tiziana Panizza. El jurado integrado por Spohie França, Javier Porta Fouz y Juan Diego Spoerer, entregó el Gran permio de la embajada de Francia a la película destancado: “su minimalismo narrativo cuya tensión y poética visual no sólo tejen una historia familiar, sino además una visión profunda del espacio-país”.

Definido como una carta desde Chile a Italia, la obra se presenta como un último intento por recuperar un antiguo rito de familia. El cortometraje es la segunda parte de una trilogía que partió con “Dear Nonna”. Conversamos con la directora y socia de ADOC sobre el premio, la última parte que prepara de este trabajo y su visión del documental como un borrador o apuntes visuales de los cotidiano.

Por Diego Pino Anguita


¿Qué valor tiene para ti, la reflexión y la utilización de la memoria y el recuerdo, dentro de tu documental?

La idea del recuerdo es súper importante en mi trabajo. El tema de “Dear Nonna”, que era la primera película de esta trilogía tenía que ver con preguntarme sobre la naturaleza de los recuerdos. No es que uno pueda tener una respuesta al respecto, de hecho creo que no es posible, pero sí puedes plantearte  preguntas acerca de lo que uno recuerda o por la subjetividad de los recuerdos. Uno puede recordar cosas, pero siempre están mediadas por tus emociones del momento o porque se te mezcló con una fotografía antigua que alguien te mostró o algo así. Y en “Remitente” hay un leve desplazamiento en ese sentido, porque apunta más hacia el olvido. A entender cual es el proceso del olvido, porque para que haya recuerdos uno tiene que olvidar también, ya que el recuerdo es una imagen que se sobrepone a otras que se olvidan, entonces es un poco tratar de entender qué es eso. Lo que metaforizo aquí es que el olvido no es un silencio si no más bien un exceso de ruido o de luz. En alguna parte de la película dice algo como: si el recuerdo es una imagen, el olvido entonces es un exceso de ruido y luz en el que no prevalece nada y la nada no es el silencio si no que la nada es el exceso de todo. Eso es lo que trato de plasmar en este segundo documental.

¿Cómo es el trabajo plástico en relación a esas reflexiones sobre el recuerdo y el olvido?

El trabajo plástico tiene que ver con eso porque tome como imagen del olvido a Santiago a las tres de la tarde en el verano en el entendido de que a esa hora el sol está pegando directamente sobre las cabezas y se refleja sobre el pavimento una sobreexposición de luz. Esa es una imagen poética que esta inspirada en el trabajo de un poeta chileno contemporáneo que se llama Germán Carrasco. Él habla sobre la luz que existe a las tres de la tarde en Santiago centro específicamente y yo me apoyo de esa imagen para construir este ensayo acerca del olvidar. Personalmente no creo que sea malo el olvidar, de hecho creo que es bueno olvidar algunas veces.

¿Porqué presentar una trilogía de documentales? ¿Cuál es el concepto dentro de esta separación?

Es una trilogía porque cuando hice la primera descubrí que hay algo en esa actitud de hacer estos cortos que tiene que ver con impulsos que son bien míos. Impulsos que vienen desde niña cuando escribía diarios de vida. Esto es algo que he seguido haciendo. Continúo escribiendo y haciendo anotaciones, entonces de alguna forma pase de la anotación literaria a una más visual o audiovisual. Me di cuenta que me quede corta con uno, que podría seguir registrando, como el libro “Walden”, en el sentido de que es un diario de vida constante. Podría estar haciendo cortos toda la vida. No tengo muchas razones del porqué serán tres pero sentí que no podía quedarme con uno solamente…entonces dije voy a hacer tres y que actúen como distintos testimonios de la vida.

¿Qué se espera para la tercera parte y final?

En la tercera parte hay otras anotaciones y apuntes visuales de lo cotidiano como le llamo yo. Es también como una especie de borrador. Son películas que si tu las ves parecen no estar terminadas, como el mismo súper 8 que parece que fuese una imagen  inconclusa. Son películas inacabadas y me gusta. Prefiero eso a un película que de conclusiones o que termine una investigación y resuelva un caso. Creo que el cine documental más se parece a una anotación o un borrador de algo que a algo totalmente terminado y en ese sentido probablemente va a ser una película que tampoco puede tener mucho final… pero si tiene que ver con el momento que estoy viviendo ahora que está relacionado al final de la vida de mis abuelas. Hay también una reflexión ahí sobre el tiempo, pero no sé bien todavía porque estoy recién filmando, pero más o menos va  por ahí.

Tu documental escapa en términos formales hacia un cine experimental. ¿Crees que eso complica la competencia de “Remitente” en festivales?

Creo que hoy en día las categorías se están haciendo cada vez más borrosas. El mismo festival de Valdivia acaba de eliminar la categoría documental dejando sólo la categoría  “películas”, donde caben todos los géneros. Creo que esto responde también a que hoy en día entendemos que el documental tiene muchas formas posibles. Creo que cualquier  cosa que testimonie o documente, de la forma que sea, para mí tiene características de documental si es que las categorías importan. Y en ese sentido me parece que el premio, o yo lo leo así, es una señal en esa dirección y que bueno que sea así porque entendemos entonces el audiovisual, el lenguaje cinematográfico, como algo mutable. Así como nosotros estamos cambiando y nos estamos moviendo, nuestro lenguaje también. Que existan esas otras maneras de hacer documental tiene que ver con entender primero la importancia de la subjetividad y segundo, con que pueden haber mil maneras de plantearse cómo hacer una película.

¿Cuál es la importancia de ganar la competencia nacional de FIDOCS?

Lo más importante de ganar es saber que hay gente que se conectó con mi trabajo. Que le hizo sentido, que le interesó, que se emocionó quizás, que provoca cosas y eso para mí es un incentivo para seguir trabajando. Ahora, tampoco iba a dejar de hacerlo porque no me hubiese ganado nada, pero creo que también te reafirma sentir que existe una conexión, una sintonía con un trabajo tan personal e íntimo. Podría decirse: “¡qué me importa a mí lo que haga esta niña. Es una cosa muy subjetiva, muy personal!”, pero creo que finalmente se reafirma la sensación de que lo personal es transferible y que te puedes conectar desde lo más íntimo con otro. Eso me parece que también es gracias a la subjetividad. Hay una búsqueda, un exploración personal de una expresión en un lenguaje, en una forma de contar particular y eso para mí es una reafirmación de mi trabajo.


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